El desarrollo de la empatía inicia desde la infancia temprana y es una cualidad que debe practicarse a lo largo de la vida para tener relaciones exitosas.
Es fundamental en la pareja, en las amistades, en el trabajo, en la familia, con los hijos, hasta con quienes no tenemos una relación emocional. La empatía nos da la capacidad de ser compresivos, asertivos en nuestro decir y hacer, y además genera confianza, que es básica para los vínculos más profundos y duraderos.
Popularmente la empatía se traduce como la capacidad para “ponernos en los zapatos del otro”, entiéndase zapatos como corazón y mente. Es decir, para ser empáticos, debemos poder conectar con lo que el otro siente y piensa.
No se trata de llorar juntos, por poner un ejemplo. Esto puede ser muy empático si es genuino, pero la empatía no consiste en tener que experimentar literalmente todo lo que el otro siente. Conectar con estos sentimientos, en cambio, sí es indispensable para ser empáticos. Así podemos acompañar al otro, expresar apoyo y disponibilidad.
Le propongo este ejercicio: seleccione a alguien importante para usted y practique por una semana, realizar diariamente alguna acción significativa. No cuentan las cosas cotidianas que ya realiza, sino un acto o favor especial para el otro.
Observe que efecto tiene este ejercicio en usted y en la persona que eligió.
Si se atreve, ¡nos escribe los resultados!
Maricruz

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