lunes, 27 de marzo de 2017

Padres nomofóbicos que no quieren jugar



En estos días fui a un taller de sanación personal. Muy intenso, bonito, de esos de los que uno sale emocionalmente agotado pero feliz. Hablamos de muchas cosas de la infancia, y entre todo me preguntaba, ¿cuáles son los recuerdos que yo quiero que tengan mis hijos cuando crezcan? ¿qué tipo de niñez quiero que vivan hoy?

Si le pregunto a cualquier padre o madre, probablemente coincidamos en las respuestas: una infancia feliz, llena de juegos, diversión, que les permita aprender cosas, desarrollar habilidades, tiempo en familia, hacer amigos, etc.

No voy a llenar este post de ideas sobre cómo lograr esto. Pero sí quiero hablarles de uno de los grandes obstáculos que nos impiden disfrutar estos momentos e imprimir bellos recuerdos: la tecnología. 

Tal vez sus padres jugaron mucho con ustedes o tal vez no. Las razones o “excusas” 20 años atrás, eran otras: muchos hijos que cuidar, sobrecarga de tareas domésticas, roles de género tradicionales dejando poco espacio para la diversión con los hijos.

Entre las razones de ahora, está la nomofobia, o adicción a la tecnología. Se los resumo en esta frase que escuché el otro día, alguien contaba de una niña que le dijo a la mamá: “no me tomés fotos, jugá conmigo”. El 95% de las personas que conozco, padres, madres, cuidadores, no son capaces de desconectarse de sus celulares para conectarse con sus hijos.


Lo primero es reconocer si soy de ese tipo de padre, si tengo esa dificultad.  También vale preguntarse: ¿me aburren mis hijos? La mayoría va a contestar que no, o al menos no siempre. Pero si es cierto que los adultos nos aburrimos con los juegos infantiles, y es válido que no queramos estar en eso todo el tiempo. Para bajar ansias, no está mal reconocer que está harto de jugar escondido detrás de una cobija treinta veces al día. Lo importante es cómo usted maneja ese aburrimiento

El que juega pero tiene el celular cerca, timbrando, o lo revisa cada tanto para no “perderse nada”, no está estableciendo una conexión real en ese momento con su hijo y se está perdiendo TODO lo importante. Su cerebro está dividido, la atención no es plena, y lo que es peor su hijo se da cuenta absolutamente de su ausencia. ¿Qué mensaje cree que está recibiendo su hijo sobre la relación y sobre él mismo? ¿Es ese el recuerdo que usted quiere que tengan?


Algunas sugerencias:

·      Reconozca el problema. Identifique si es por sus hijos, por el tipo de juego, o porque de verdad no puede evitar revisar el teléfono.

·   Establezca rutinas. Los niños las necesitan para sentirse seguros y son fundamentales para que toda la familia se organice. Incluya en la rutina su tiempo para revisar el teléfono (mientras su hijo duerme, el ratito que ve televisión).  

    Dele variedad al juego con sus hijos, ceda y complázcalos en lo que ellos quieran jugar, pero también, usted puede proponer un juego que disfrute más.

·   Involúcrelos en sus actividades, muchas veces me consultan padres ofuscados porque los niños quieren jugar cuando hay cosas que hacer en el hogar. Divida el tiempo, jugamos 10 minutos y otros 10 ellos colaboran en las actividades. Según la edad pueden barrer, recoger regueros, guardar juguetes, limpiar con un trapito, etc.

·    En este caso ser multitarea, no es una cualidad. No crea que es súper productivo enviar correos mientras juega con sus hijos. Eso se llama desorganización y pérdida de energías. Mejor dígale a su hijo que puede jugar 20 minutos y trabajar otros 20. Concéntrese y disfrute cada actividad por separado.



·     Haga acuerdos con su pareja y con otros miembros de la familia. Establezca reglas de convivencia que incluyan el tiempo dedicado al teléfono.  Especialmente si su hijo también tiene problemas con el uso adecuado de la tecnología.

        Sugerencia clave: si le resulta imposible despegarse del teléfono aplicando lo anterior, practique guardarlo en una gaveta cada vez que entra a su casa.   

Si esto no es suficiente, busque ayuda. La adicción a los aparatos electrónicos es real, se llama nomofobia y cuesta tanto dejarla como cualquier otro vicio. 

Maricruz

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