martes, 30 de enero de 2018

Vacaciones y padres que trabajan.



Aprovechando al máximo el tiempo con tu hijo: tips para juego y estimulación


Las vacaciones escolares son un momento esperado para las familias, especialmente para aquellos padres que trabajan, y han realizado esfuerzos para organizarse con antelación y sincronizar sus días libres.  Esto les permite realizar paseos más extensos que los que realizan normalmente: un viaje especial, ir a la playa, montaña o visitar familiares que viven largo.  

Sin embargo, algunos progenitores sólo logran obtener unos cuantos días de permiso y deben adaptarse a paseos más cortos, por lo general de un día: el parque de diversiones, picnic o piscinas.  Otros con menos suerte, deben reorganizar el cuido de sus hijos en estos días, y hacer planes para la tarde-noche: el cine, comer, o ir de shopping.  En estos casos, una buena opción es buscar un curso de verano, con algún campamento o clase entretenida.

También pueden realizar actividades en casa, compartiendo tareas por ejemplo, que su hijo realice la mitad de un rompecabezas durante el día, para que usted le ayude en la noche,  escribir un cuento que usted va a completar, construir algo entre ambos, etc.


Algunas opciones para estos días:


Organice una pijamada en su casa, una tarde de cine, un picnic o un partido deportivo; en el patio o en un parque cercano. Considere invitar a algunos amigos de su hijo.  También los paseos en bicicleta, o en patines, siempre que se tomen las precauciones requeridas, suelen ser muy disfrutados.

Siembre plantas en el jardín o haga una huerta e incluya un paseo al vivero.  Estas actividades, tienen la ventaja de ser recreativa-formativa y a largo plazo, ya que su hijo puede, posteriormente, responsabilizarse del cuido e ir observando el crecimiento de la misma.


Para paseos largos, no se limite a los lugares más concurridos, existen opciones diferentes e interesantes: la lechería, una granja, ir a pescar, el zoológico, un refugio de animales, etc.

Las actividades al aire libre son las más recomendadas, por generar mayor estimulación a todos los sentidos, favorecer el desarrollo de la motora gruesa y ser más saludables en general; además de que suelen requerir poco dinero y permiten la participación de toda la familia.  En ocasiones una manguera y unos cuantos globos, pueden hacer de una mañana el rato más feliz.  

Tampoco desestime la simpleza de los juegos tradicionales, estos nunca pasan de moda si usted no los olvida: “la anda”, “un, dos, tres queso”, “escondido”, “quemados o inmóvil”, “balón prisionero”, “policías y ladrones”, “elástico”, “suiza”, etc.

Si el tiempo no es favorecedor, no se preocupe, hay muchas actividades para realizar en interiores, y hacer de su casa el mejor salón de juegos sin depender de los aparatos electrónicos; sólo se requiere imaginación y estar dispuesto a tener mucha diversión y un poco de desorden!:Instalen una tienda de campaña con sábanas y pasen la noche con colchones en la sala;  organice un concurso de disfraces y permítales usar su ropa; jueguen karaoke o adivinen películas; cocinen cupcakes, chocolates o galletas para compartir; o bien, instale un salón de belleza, háganse masajes y permita que le realicen peinados y maquillaje, eso sí, esconda las tijeras.

















También están las actividades un poco más tranquilas como pintar, hacer manualidades, leer, construir con legos, paletas, bloques o plastilina, y los juegos de mesa.  La idea es realizar actividades variadas que llenen de entretenimiento y diversión estos días, y les permitan a todos los miembros de la familia salir de la rutina y recuperar energía para regresar a clases.

Las vacaciones también se suelen aprovechar para “ordenar” la casa, ya que es difícil sacar el tiempo para estas labores.  Enséñele a su hijo a desalojar el exceso de juguetes, y enlace esta actividad con la repartición a personas necesitadas, así obtendrá un doble beneficio.

Independientemente de si usted puede, o no, disponer de vacaciones, es importante que considere este periodo como un descanso y flexibilice las reglas de casa.  Por ejemplo, puede permitir que se acuesten una o dos horas más tarde, y se levanten tarde también, si esto no interfiere en su horario laboral y considerando las edades que tengan.   Comer frente al televisor, bañarse tarde, o no ordenar el cuarto todos los días, son otras opciones.

Planifiquen las vacaciones en conjunto y tengan presente la variedad de intereses de cada miembro.  La idea es compartir con todos, pero tampoco se debe pensar que todo tienen que hacerlo juntos (a menos que no haya opción). 
No olvide que las vacaciones son un respiro de la rutina, la espontaneidad y el tiempo libre es valioso también.  Si planifica cada minuto, tendrá como resultado una familia agotada.  Algunas veces el mejor descanso, es hacer las cosas que regularmente no pueden hacer, como desayunar en la cama y remolonear hasta tarde viendo películas.  Lo más importante, es compartir en familia momentos que permitimos que la rutina diaria nos arrebate.


MPsc. Maricruz Coto Chotto

miércoles, 25 de octubre de 2017

Yo no celebro Halloween, pero...


El otro día escuchaba una discusión entre dos madres sobre la celebración de Halloween. Sin conocer sus creencias religiosas o ideológicas, era claro que diferían ampliamente sobre el significado de esta fecha y su impacto en los niños. 


Escribo esto con la simple intención de compartir lo que para mí significa Halloween.  Conozco la historia de esta celebración, me la enseñaron de niña, la estudié en el colegio y de nuevo investigué por mi cuenta cuando con más sentido crítico, me hice la misma pregunta que estas madres: ¿les enseño o no a mis hijos esta celebración?  Y aquí mi respuesta. 


¿les enseño o no a mis hijos esta celebración?  


Y aquí mi respuesta:

Para mí el 31 de octubre ocurren muchas cosas: cumple años un amigo, hay presas en el condominio, se acaban los confites en el súper y mi familia se reúne a divertirse.  También desde hace unos años es toda una experiencia con los vecinos.   Es un día en el que yo, que literal le huyo a las cosas de terror, me doy permiso de divertirme con ello.

A todas las celebraciones le damos un significado particular, según nuestras creencias e historia de vida.  Hay personas que han convertido Navidad en una adquisición masiva de regalos más allá del compartir y el sentido religioso.  Otras no celebran el día de la madre (o el padre, o el niño) porque “deberíamos celebrarlo todos los días”.  Cada familia imprime su estilo y su gusto en las festividades.  Para mí lo importante, lo realmente discutible de cada festejo, es lo que genera en uno, la enseñanza que se trasmite, los sentimientos y valores que nos motivan.

Lo que me gusta de Halloween es recibir amigos y familia en casa para divertirnos juntos.  Me encanta además, que esta actividad une a niños y adultos en un mismo nivel, con una misma meta: asumir un personaje y salir a pedir dulces.


Escoger que disfraz usar es un proceso creativo.  Esta actividad en particular me trae bellos recuerdos. No logro evocar una época en mi vida que no me disfrazaran de algo.  Aún no estoy clara si me gustaba desde el principio o por insistencia y un poco de “si no puedes contra ellos, únete”.  Clara como el agua, veo la imagen en mi mente de mi mamá cosiendo granos de maíz para vestirme de Elote (¡?¡?).  Así como lo leen. Resultado: termine amando disfrazarme.  Lo aprendí de mis hermanas, ellas de mis padres y ellos no sé de quién, pero ha sido una actividad representativa en mi familia que genera identidad y pertenencia.





Hubo una época en que cualquier viernes en la noche era una buena razón para vestirse de algo.  Tanto así que en casa de mami existe la famosa “maleta de disfraces” con cuanta cosa sirviera para ponerse encima: un mantel, la venda de la momia, una peluca, o bien el conocido sombrero de bruja, nariz de payaso, bata de hospital y otros accesorios para todo gusto.   Algunos más elaborados como el kimono de geisha o la monja con hábito y cofia.
Hippie, gitana, militar, indio, vaquero, pirata, diablo, ángel, flor, sirena, policía, marinero, preso, constructor, mago, gata, doctor, payaso, y personajes como La Bruja del 71, La Chilindrina, Pedro Picapiedra & Vilma, John Travolta & Olivia Newton, Mickey & Minnie, han desfilado por mi casa.
 Hasta concursos gané en la escuela (obvio vestida de Elote), gracias a la creatividad y buen humor de mi mamá y la participación de mis hermanas.  Ahora ese recuerdo es una historia de risas, de inventos, esfuerzo, trabajo en equipo, unión familiar y obstáculos vencidos.   Y eso es lo que yo celebro, esa conexión que espero que recuerden mis hijos.  No es Halloween por su historia, es lo que nos aporta la reunión familiar.   Con los disfraces somos creativos, nos liberamos, nos divertimos, escapamos de la rutina, nos permitimos la fantasía, y esto en mi casa lo hacemos juntos, en familia y con amigos
Mi esposo siempre anuente a la diversión, desde novios me siguió la corriente.  Varias fiestas de Halloween entre amigos que se beneficiaron de la famosa “maleta”, son parte de nuestra historia.  Desde hace un par de años, con el nacimiento de mi primer bebé, y con la “excusa” de acompañarlo a pedir confites, la familia entera se permitió reinventarse en Halloween y retomar esa celebración que hace años no hacíamos.  A mi hijo mayor le encanta y ya veremos este año al menor. 
Ahora es un día que espero con ilusión, por la alegría de recibir amigos y familiares en nuestro hogar y disfrutar un momento diferente.

Es opción de cada familia escoger las tradiciones que imprime en su historia y el significado que le atribuye.  Y por supuesto, este escrito es solo mi opinión.  A los que les parece interesante, no está de más conocer sobre esta celebración (https://es.wikipedia.org/wiki/Halloween).


lunes, 9 de octubre de 2017

Mi historia de cáncer de seno, por Gigi Núñez


Mi nombre es Gigliola, mamá de dos hermosas hijas y quiero compartir mi historia contigo porque siento que los aprendizajes que he recibido a través de mi experiencia pueden ayudarte también a ti.

A finales de Enero de este año fui diagnosticada con cáncer de seno. En un principio me costó pensar en mí y que tenía que detener el ritmo acelerado que llevaba. Realizaba talleres, conferencias en mi país y alrededor de Iberoamerica. No tenía tiempo para pensar en una enfermedad y mucho menos para sacar tiempo para cuidarme. Por supuesto, las circunstancias me estaban invitando a tomar una decisión diferente.

Así que poco a poco empecé a hacer consciencia de la forma como estaba viviendo y que definitivamente no era la mejor, si quería seguir compartiendo mi pasión y amor con los demás. 

Agradezco la experiencia porque sin ella hubiera seguido en piloto automático y no podría compartir los siguientes seis mensajes que pueden ayudarte a generar mayor bienestar en tu vida y en tu familia:

El primer mensaje del cual fui consciente es “abraza a la mujer extraordinaria que habita en ti”. Tenía que amarme, cuidarme y valorarme para poder seguir teniendo energía y amor para los demás. Dentro de nuestra sociedad se juzga como egoísmo, si primero piensas en ti antes que en los demás. Sin embargo, antes de ser un acto egoísmo es un acto de amor, solidaridad y conexión con el otro, porque en la medida que estés bien podrás brindar tu mejor versión a los demás. Así que a partir de ahora, no postergues tu cuidado personal, ten presente que llega un momento en donde la vida te pasa la cuenta de cobro.



El segundo mensaje fue abraza tu sabiduría interior. Gracias a mi intuición pude saber que algo no estaba bien en mí un par de meses antes de ser diagnosticada. Comprendo que no te sea fácil seguirla porque estamos en una sociedad que le da mayor peso a la razón por encima de la intuición y esto hace que constantemente busquemos las respuestas fuera de nosotros. La intuición es un chispazo de luz que recibimos y en donde no hay intervención de la razón, pero dentro de nosotros sabemos cual es el camino que tenemos que tomar. Escucha tu sabiduría interior, dale el espacio para que te guíe; verás como te sientes más tranquila y en coherencia con tu esencia.

El tercer mensaje es darme cuenta que no estoy sola y efectivamente ninguno de nosotros estamos solos. Vivimos en comunidad, somos seres sociales y a través de la interacción con los demás nos enriquecemos. Sin embargo, tenía una creencia de ser la súper heroína, aquella que no “necesitaba a nadie” o de ser “invencible” ante cualquier problema. Por supuesto, que no lo era y a través de la enfermedad me di la oportunidad de recibir ayuda y definitivamente esto hizo que el proceso y tratamiento fuera más llevadero.  Mi invitación a liberarte de la espada y escudo a partir de ahora se valiente, muestra tu vulnerabilidad y pide ayuda tantas veces como lo necesites. Verás que la vida es más fácil y que no necesitas llevar todo sobre tus hombros. Entre dos todo es más fácil. 

El cuarto mensaje es aprender a abrazar mi presente. Con tantas ocupaciones me estaba perdiendo de mi aquí y ahora. Cuando estaba con mi familia, no estaba realmente con ellos porque me sumergía en mis pensamientos de todo lo que tenía que hacer. Tenía una fuerte carga de estrés y cuando esto ocurre es muy difícil vivir con la mente plena.  Mi invitación es que te des la oportunidad de empezar a practicar decir “no”, para evitar sobrecargarte. Pida ayuda tantas veces como sea necesario, evita post-poner tus rutinas de autocuidado y es fundamental que te regales un buen descanso. De esta manera estarás dando los primeros pasos para estar aquí y ahora disfrutando del momento presente. 

El quinto mensaje todo es cuestión de actitud. Independientemente de las circunstancias cada una de las personas decide como afrontar determinada experiencia. La actitud es lo que marca la diferencia para salir de cualquier reto o desafío que se nos presente en la vida. Con mi actitud pude darme cuenta que aunque tenía un enfermedad podía salir adelante dando lo mejor de mí. Ten presente que dentro de ti habita este poder y tú decides que actitud tomar ante las experiencias de la vida. Ánimo y hacia delante, no estás sola y cada situación siempre trae un aprendizaje que te permite crecer.

Y el último mensaje “la vida es un regalo”, amala y apréciala. Disfruta y agradece todos los días tener la oportunidad de verte y ver a los que amas.  


Gigi Nuñez 

martes, 22 de agosto de 2017

Sobreviviendo a los planes de boda


“solo de eso habla, de repente, todo era la boda y la boda”…, “a todo le ponía peros y decía que mucho dinero”…, “cuando nos comprometimos todo cambio…”.


¿Qué pasó en estas situaciones? A los mejores novios les pasa.  El estrés pre-boda los pilla desprevenidos y se apodera de la relación.  



El compromiso es una linda etapa, que también implica momentos de tensión.  Algunos factores pueden hacer este tiempo aún más estresante: diferencia en las expectativas, presupuesto, presión de tiempo, influencia de la familia, entre otros.

Aunque el estrés pre-boda es usual y la mayoría de las parejas lo experimentan, es importante saber cuándo se trata de una etapa, o si es una característica de la relación de pareja que “salió a la luz”.  ¿Cómo saberlo?  Considerando la dinámica anterior de la pareja: la forma de enfrentar los conflictos, los roles que asumen y la repartición de tareas, el contexto del compromiso, las expectativas sobre el matrimonio  y los ritos de la celebración.

Usualmente si los anteriores elementos son positivos y la pareja muestra un grado aceptable de acoplamiento, el estrés será pasajero y una vez pasado el momento célebre, la relación vuelve a la normalidad. Sin embargo, en ocasiones, parejas que usualmente tienen dificultades para ponerse de acuerdo, donde hay un desequilibrio entre los roles asumidos (uno de los dos siempre siente que lleva la mayor carga), o existe mucha presión;  e incluso si el contexto del compromiso no  parte de un deseo genuino; es probable que los planes de boda solo vengan a detonar tensiones previas.



¿Me caso con la fiesta o con mi pareja?

En medio del planeamiento uno de los dos (usualmente la novia) puede perder la perspectiva, enfocarse demasiado en los planes y olvidarse del otro. La emoción y la adrenalina del momento, la intervención efusiva de familiares, y ver pronta la realización de un sueño, contribuyen a que el estado mental pierda su usual “racionalidad” y se desvirtúe el proceso. 

Un elemento clave es la toma de decisiones: estar de acuerdo quienes van a involucrarse en el planeamiento es muy importante.  Algunas parejas deciden o simplemente permiten a la novia y su madre tomar todas las decisiones, y luego expresan descontento con el resultado.  En otros casos, la suegra le compra hasta el traje al futuro yerno y todo mundo contento.  No existe una manera correcta de hacer las cosas, cada pareja debe encontrar qué le funciona.


Sugerencias:

-       Planear una boda es un buen momento para poner en práctica habilidades esenciales para la vida en pareja.  Aprovechen  para conocerse mejor, gestionar juntos las presiones; y practicar el trabajo en equipo.

-      Ver la celebración como un símbolo de la etapa que inician y no como el objetivo final, para no perder de vista lo realmente importante. 


-        Si el presupuesto lo permite, contratar un maestro de ceremonias es una buena idea.  Su función es guiarlos en el proceso y hacerse cargo de detalles en los que la experiencia cuenta y que si no se delegan, suman puntos innecesarios al estrés de la pareja.  

Mari

martes, 15 de agosto de 2017

Maternidad y culpa, celebremos el día de la madre, descargando el saquito que llevamos en el corazón.


Algunas veces en terapia, me gusta usar la metáfora del saquito que llevamos a cuestas.  Es una manera de imaginarse que tenemos un lugar donde almacenar experiencias, recuerdos y para el caso de este artículo, culpabilidades.   Mi poca experiencia como madre, y lo que he observado en consulta y con otras madres conocidas, es que la maternidad es un momento cúspide para llenar el saco hasta el rebose.  

Diría mi mamá, ¿“pero hija por qué se preocupa?  antes no había tiempo para nada de eso de atormentarse, entre tanto chiquillo uno solo atendía lo que había que hacer y listo, uno hacía lo que podía con los hijos”.  Yo le digo, “pero ¿cómo que no me preocupe? con toda la evidencia que hay de todo lo que se hacía antes y que ahora sabemos que es malo.”

Y entonces ella me contesta “antes no sabíamos tanta cosa, era parto natural y listo, teta y listo, tomaban café como uno, se les ponía coñac en los dientes, y jugaban todo el día en la tierra seguro comiendo lombrices, mientras uno les echaba un ojito de vez en cuando porque había mucho que hacer y vea, ¡nada les pasó!”  Y yo me pregunto: ¿será que entre más información más lleno el saco? 

Constantemente observo mamás culpándose por la escogencia de una u otra cosa, o simplemente porque tocó hacer algo diferente de lo planeado.  Hay tantas opciones debido al exceso de información, da como resultado que ambos extremos viven con culpa por una u otra razón.  




Las culpas

La que parió y gritó, porque gritó. La que no tuvo tanto dolor, “ingrata cómo va a decir que le fue fácil.” La que dio pecho y está cansada, finge una sonrisa, “¿cómo se va a cansar si la lactancia es lindísima y lo mejor para los hijos?” La que usó fórmula, no acepta que le acecha la sombra de si su hijo tendrá secuelas. Quien fluyó en la lactancia se queda callada frente a la que le sangraron los pezones a morir. 

La que trabaja fuera de casa también se siente culpable porque los deja, puntos adicionales si se observa disfrutando su soledad. La que permanece en el hogar, está harta de no tener un segundo ni para ir al baño sola.  

La que ávidamente aplica cuanto método lea y le cuenten para enseñarles a dejar el pañal, se culpa porque no respetó sus procesos. La que les dio tiempo para que lo hicieran solos porque le dicen que su hijo va atrasado y “es muy dependiente”. 

La que agotada no lo deja llorar ni un segundo para dormir porque el cortisol le va a subir y será un niño estresado. La que enferma no aguantó un minuto más de cuido y lo dejó llorando, encerrada ella en el baño llorando también.

La que sale con su marido y pasa rezando ahuyentando el temor a dejarlos con alguien tarde en la noche. La que no sale ni a la esquina para evitar cualquier mal, se siente culpable porque le dicen sobreprotectora y no se explica su incipiente claustrofobia. 

La que pasa en Pinterest viendo manualidades y experimentos para hacer, se culpa porque leyó que los niños deben aburrirse. Y la que los deja jugar libremente, porque ella no siempre está emocionada cuando la invitan a jugar. 

Y a todas nos dicen que deberíamos 
estar agradecidas por la bendición 
de tener hijos y esto nos hace sentir 
más culpables.

Ah y ¿no les ha pasado que cuando logran salir y están con amistades no madres o madres con más experiencia, no entienden nada?  porque después de semanas sin dormir y tragarse la comida, uno no tiene ni idea de qué pasa en el mundo ni qué dan en la tv que no sean fábulas. 

A mí hábleme del super, de productos de bebés, de BLW, lactancia, post parto, estimulación, kinders, escuelas, disciplina amorosa, hechos científicos y testimonios que respalden el extremo en el que estoy. Entonces culpable también por la ignorancia social, porque no hay tiempo para más que el día a día de los niños.

La realidad es que todas vivimos la experiencia de la maternidad de forma diferente y las que somos madres de más de un hijo, cada vez es distinto también. No hay extremos sino muchos matices entre ambos lados. Cada decisión tiene pros y contras para cada par: mamá-hijo.

La culpa que llena el saco puede venir como consecuencia de una situación real o imaginaria, es decir de un hecho en el que de verdad actuamos mal, como la agresión, o de otras situaciones en las que simplemente nuestra mente evalúa de forma negativa sin serlo como todas las descritas anteriormente.


¿Saben qué? Yo soy todas esas mujeres.

En lo poco que llevo estrenándome como mamá, he ido de uno a otro extremo y en ambos he sentido culpa, alivio, dolor, tristeza, felicidad, agotamiento, ilusión, preocupación y orgullo. Y me atrevo a decir con bastante certeza que un 95% de las que me lean también. 

La maternidad es de emociones intensas independientemente de cómo llegaran al mundo nuestros hijos, sean biológicos o no.  Es de los mayores retos que vivimos las mujeres porque implica no solo la responsabilidad de esas divinas personitas, sino un proceso continuo de autodescubrimiento. Por los hijos uno hace lo que nunca pensó y saca fuerzas que ni sabía que tenía. Y por eso en este día de las madres, las motivo a esforzarse por ustedes mismas. Los hijos nos necesitan emocionalmente sanas y esto no es la ausencia de conflictos, sino el trabajo constante por alivianar ese saco y vivir más satisfechas con lo que hacemos por ellos, lo cual implica a la vez hacer cosas por nosotras mismas.  En dos palabras AUTO CUIDADO.    



La fuente primaria y fundamental de amor 
para los niños,  somos los padres.  
Sino tenemos amor por nosotras mismas, 
¿cómo vamos a amarlos, 
y a enseñarles con el ejemplo?



Desculpabilizarse es un proceso

1.      Abra mentalmente el saco, revise bien profundo y haga la lista de las cosas por las que se culpa, si le va bien encontrará pocas, ojalá ligeras de peso. 

2.      Si no le va tan bien, puede que se sorprenda de sentirse culpable por cosas que ni se había percatado y que, si analiza con detenimiento, no son TAN relevantes.  Es decir que su hijo coma chatarra en la merienda no le va a afectar demasiado, ¡aceptémoslo! O sea, podría comer más sano, pero eso no nos hace malas madres. Y así muchas nimiedades más. 

3.      Déjeme explicarle que su saco viene conectado a un chip.  O a un disco duro, como guste pensarlo.  Ahí están todos los pensamientos dicotómicos, de la información y las presiones que recibimos a diario y que sirven para confirmar en un extremo u otro, todo lo que hacemos bien y mal.  Autoreproches, autoacusaciones acumuladas que destruyen la autoestima. Mi sugerencia es que se dé permiso con frecuencia y, sobre todo en días especiales como hoy, de desconectar ese cable.  

4.      Sea generosa con usted misma, frase que siempre repito.  Si uno se amara a sí mismo un 30% de lo que ama a los hijos, todo fluiría más y no dejaríamos que ese saquito pesara.  Conéctese con usted misma. Y luego, practíquelo con otras madres.  Mostrar respeto hacia los matices nos cuesta muchísimo.  Recuerde, ni su hijo ni el mío traían manual bajo el brazo.

5.      Tampoco interprete que el saquito tiene necesariamente que estar vacío.  La culpa tiene una función adaptativa y gestionada correctamente nos ayuda a crecer, reparar, aprender y cambiar para bien.  Entonces, en esta revisión puede plantearse metas realistas que la ayuden a sentirse mejor con usted misma como mujer y como mamá. 


En el proceso, la aceptación es indispensable.  Admitir que intenta ser la mejor versión de sí misma cada día, y que a veces por cansancio, estrés y pereza no resulta así y nada grave pasa. 

De seguro su hijo no va a recordar si usted hizo colecho o le dio fórmula.  Pero le aseguro que, al recordar su infancia, si va a conectarse con el estado de ánimo prevaleciente de su mamá en esa época.  

La madre que vive su rol con culpa termina trasmitiendo aún sin intención, ese sentimiento y los hijos crecen inseguros, indecisos, ansiosos, nerviosos, sintiéndose malos, en fin, con la experiencia de la culpa a flor de piel.  Se victimizan con gran facilidad, o construyen relaciones donde la culpa tiene la primicia: solo mediante ella consigo lo que quiero.

La manera en que se ve a sí misma no sólo es cómo su hijo la verá, sino también como aprenderá a verse a sí mismo y a otros a su alrededor.  La base de todas las relaciones es la relación con uno mismo.

Entonces, mamitas lectoras, escoja el matiz que desee y húyale a los extremos, la flexibilidad es importante. Pero lo trascendental es que mamá esté feliz y tranquila con las decisiones elegidas. 

A descargar el saco y viajar más livianas y también cuidar de no engrosar el saquito de nadie. 

Feliz día de la madre.

Mari




viernes, 16 de junio de 2017

En memoria del día del padre.



En mi vida me he sentido absolutamente desolada en dos ocasiones, una de ellas fue cuando perdí a mi padre. Digo perder porque físicamente no está. Sin embargo, de unos años para acá no se siente tanto la pérdida. No me malinterpreten, sigan leyendo y les explico. 

El día del padre suele ser un día de celebración. Aunque no todo el mundo tiene razones para festejar, ya que algunos nunca conocieron a su padre y otros desearían no haber tenido papá. Conozco personas con estas historias. Pero también, en algunos casos hemos tenido alguna persona que ha desempeñado un rol paterno. El tío que pasa pendiente, el padrino que siempre estuvo, el hermano que hizo las veces de papá con sus sobrinos. También los padrastros, abuelos y otros padres por elección, que han dado lo mejor de sus posibilidades. 
 
Hoy escribo para los que lloran una ausencia de cualquier persona significativa, y los que como yo, tuvimos la suerte de tener un papá amoroso.




Uno de los momentos más difíciles de la vida, es la pérdida de un ser querido. Cada vez que escucho un paciente, un amigo, un conocido, que sufre por una muerte, puedo conectarme con ese dolor profundo. Cuando uno ha vivido en carne propia este sufrimiento y ve a otros (pacientes, amigos, y conocidos) pasar por lo mismo, la perspectiva cambia. De alguna manera el dolor ajeno, toca algunas fibras que se mantienen sensibles, prestas a ayudar.

El desalojo interno que se produce con la marcha de alguien a quien se ama, es devastador. No alcanzan las palabras para describir el dolor, y si uno tiene las agallas de imaginar cómo es, les puedo asegurar que lo que piensen, no es ni la milésima parte de la realidad.   

En ese vacío abismal, uno se pregunta qué sigue, cómo sigo con mi vida ahora que esa persona no está. Todo pierde color, sentido, ilusión. Y al principio, conforme pasan los días, la situación en lugar de mejorar, empeora. Porque con los trámites de rigor se pasa acompañado y ocupado, pero después al acabar los ritos, la realidad cae cruda y helada. La desconexión con la vida de los que ya no están, también alcanza a los vivos de una forma metafórica y al mismo tiempo real. 

Y este es el núcleo de lo que quiero trasmitirles, ¿cómo lograr reconectarse con el mundo?


¿Qué ayuda a reconectar con la vida en medio de tanto dolor?


-        Entienda el duelo como un proceso, con etapas que se viven de forma diferente para cada persona, y que también dependen de la relación con el fallecido, el tipo de muerte, el momento de la vida en la que ocurre, entre otros elementos.

-        Tome tiempo para vivir el duelo, para sentir y expresar.  Siéntase libre de quedarse en el dolor un rato. Avanzar y retroceder son parte del camino en esta espiral. 

-        Sea generoso consigo mismo, dese permiso de fallar, de sentirse terrible, de tener malos días, de no funcionar como antes. Baje su nivel de exigencia y muéstrese a sí mismo idéntica compasión y cariño que tendría con alguien que ama.

-        Comprenda que hay reacciones que ordinariamente serian “anormales”, pero que bajo una situación de alto estrés como lo es un duelo, son TOTALMENTE normales.  Por ejemplo, es muy común escuchar la voz, sentir la presencia o el olor de la persona ausente los primeros días después de su falta. Esto no significa que usted está loco o que tiene un problema. Son reacciones primarias, naturales y esperables al principio.

-        Alterne la necesidad de estar solo, con la compañía de personas queridas. Tener tiempo especial con familiares y amigos es de las mejores maneras de reconectar.

-        Esté en contacto con niños, mascotas, y con la naturaleza, con lo más puro y esencial de la vida.

-        Busque poco a poco volver a su rutina. 



-        Tome tiempo para disfrutar cosas que antes no hacía. La muerte cuestiona la filosofía y el sentido de la vida, el sistema de creencias, etc. Y así como puede ser un momento crítico, también es una gran oportunidad para valorar la maravilla de poder estar cada día y disfrutar pequeñas cosas a nuestro alrededor.

-        Ubique a la persona en un espacio simbólico determinado, llámelo como guste de acuerdo a sus creencias, (cielo, infinito, universo, paraíso, etc.) pero es positivo poder imaginar un lugar desde el cual tener una relación con su ser querido. 

-        Dese la oportunidad de construir una relación cuyo sistema de comunicación debe empezar a comprender. Esta es una dimensión que no conocemos. La forma en que esa persona seguirá participando de nuestra vida no es la que acostumbramos, pero su presencia puede estar impresa en las cosas más pequeñas de la vida, o cuando decidimos ver en las nuevas oportunidades la mano del ser querido.

-        Busque en usted mismo el reflejo de esa persona especial. Quienes marcan una huella en nosotros, dejan enseñanzas y amor por otras cosas y personas cuya cercanía nos ayuda a sentir de nuevo conexión con la vida.

-        Aunque es doloroso, recordar los momentos juntos es una manera de sentirse cerca e inicialmente es una forma de sobrevivir al dolor.

-        Una crisis puede desatar otras, sin embargo, no tome decisiones en tiempos turbios. Divorciarse, separarse, renunciar, cambiar de trabajo, mudarse, comprar bienes, o cualquier otra decisión que implique más cambios, una inversión fuerte de recursos emocionales y/o económicos; no suelen ser las acciones más aconsejables en un proceso de duelo.

-        Tampoco se apresure a tomar decisiones acerca de las pertenencias u otros superficiales.  Considere resolver lo indispensable y los trámites que no puedan postergarse. Con todo lo demás haga una pausa, especialmente si siente que no quiere o no puede ocuparse de ello en este momento.  

-        Es esperable estar centrado en la pérdida.  Al inicio de este proceso la visión de túnel impide pensar consecuencias y tener claridad a futuro.  El tiempo es un buen aliado y poco a poco las cosas mejorarán.

A este último aspecto me refería al mencionar “no se siente tanto la pérdida”.  No le prometo que va a dejar de doler, pero su forma de ver la ausencia puede cambiar.

"Hoy, 14 años después, puedo decir con certeza, yo no he perdido a nadie". 

Mi papá “seguirá vivo en mi” (parafraseando la canción) porque soy parte de él, y porque puedo sentirlo en las cosas bellas de la vida que me pasan, en cada sueño logrado, cuando veo los frutos de mi esfuerzo y recuerdo que gran parte de lo que soy es porque él y mi mamá me lo enseñaron. Tal vez mis hijos no tengan la oportunidad de jugar con él, pero yo sí puedo trasmitirles lo que él era. Y eso ahora, después de un largo camino de duelo, me hace feliz y me permite comprender ese hilito conector que es un vínculo de amor.  

Decidí compartir esto porque varias personas a mi alrededor, están viviendo un proceso de duelo y sé que el día del padre puede ser una fecha difícil. Tal vez mi experiencia, más que mis palabras de apoyo, les reconforten. 

Si este domingo, usted tiene un papá a quien celebrar con besos y abrazos, no desperdicie ni un segundo. Y si su papá está en el cielo como el mío (o en algún otro lugar que usted haya elegido) le deseo, que llene su corazón de gozo, porque si usted está bien, es seguro que su papá no podría estar mejor.

Feliz día del padre a todos los que tienen un rol paterno, pero especialmente al que lo hizo conmigo.


"Tanto amor me diste en vida, que aún en tu ausencia, se sigue multiplicando".

Mari.
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