El otro día escuchaba una discusión entre dos madres sobre la celebración de Halloween. Sin conocer sus creencias religiosas o ideológicas, era claro que diferían ampliamente sobre el significado de esta fecha y su impacto en los niños.
Escribo esto con la simple intención de compartir lo que para mí
significa Halloween. Conozco la historia de esta celebración, me la
enseñaron de niña, la estudié en el colegio y de nuevo investigué por mi cuenta
cuando con más sentido crítico, me hice la misma pregunta que estas madres:
¿les enseño o no a mis hijos esta celebración? Y aquí mi respuesta.
¿les enseño o no a mis hijos esta
celebración?
Y aquí mi respuesta:
Para mí el 31 de octubre ocurren muchas cosas: cumple años un amigo, hay
presas en el condominio, se acaban los confites en el súper y mi familia se
reúne a divertirse. También desde hace unos años es toda una experiencia
con los vecinos. Es un día en el que yo, que literal le huyo a las
cosas de terror, me doy permiso de divertirme con ello.
A todas las celebraciones le damos un significado particular, según
nuestras creencias e historia de vida. Hay personas que han convertido
Navidad en una adquisición masiva de regalos más allá del compartir y el
sentido religioso. Otras no celebran el día de la madre (o el padre, o el
niño) porque “deberíamos celebrarlo todos los días”. Cada familia imprime
su estilo y su gusto en las festividades. Para mí lo importante, lo
realmente discutible de cada festejo, es lo que genera en uno, la enseñanza que
se trasmite, los sentimientos y valores que nos motivan.
Lo que me gusta de Halloween es recibir amigos y familia en casa para
divertirnos juntos. Me encanta además, que esta actividad une a niños y
adultos en un mismo nivel, con una misma meta: asumir un personaje y salir a
pedir dulces.
Escoger que disfraz usar es un proceso creativo. Esta actividad en
particular me trae bellos recuerdos. No logro evocar una época en mi vida
que no me disfrazaran de algo. Aún no estoy clara si me gustaba desde el
principio o por insistencia y un poco de “si no puedes contra ellos,
únete”. Clara como el agua, veo la imagen en mi mente de mi mamá cosiendo
granos de maíz para vestirme de Elote (¡?¡?). Así como lo leen.
Resultado: termine amando disfrazarme. Lo aprendí de mis hermanas, ellas
de mis padres y ellos no sé de quién, pero ha sido una actividad representativa
en mi familia que genera identidad y pertenencia.
Hubo una época en que cualquier viernes en la noche era una buena razón
para vestirse de algo. Tanto así que en casa de mami existe la famosa
“maleta de disfraces” con cuanta cosa sirviera para ponerse encima: un mantel,
la venda de la momia, una peluca, o bien el conocido sombrero de bruja, nariz
de payaso, bata de hospital y otros accesorios para todo gusto.
Algunos más elaborados como el kimono de geisha o la monja con hábito y cofia.
Hippie, gitana, militar, indio, vaquero, pirata, diablo, ángel, flor,
sirena, policía, marinero, preso, constructor, mago, gata, doctor, payaso, y
personajes como La Bruja del 71, La Chilindrina, Pedro Picapiedra & Vilma,
John Travolta & Olivia Newton, Mickey & Minnie, han desfilado por mi
casa.
Hasta concursos gané en la escuela (obvio vestida de Elote),
gracias a la creatividad y buen humor de mi mamá y la participación de mis
hermanas. Ahora ese recuerdo es una historia de risas, de inventos, esfuerzo,
trabajo en equipo, unión familiar y obstáculos vencidos. Y eso
es lo que yo celebro, esa conexión que espero que recuerden mis hijos. No
es Halloween por su historia, es lo que nos aporta la reunión familiar.
Con los disfraces somos creativos, nos liberamos, nos divertimos,
escapamos de la rutina, nos permitimos la fantasía, y esto en mi casa lo
hacemos juntos, en familia y con amigos.
Mi esposo siempre anuente a la diversión, desde novios me siguió la
corriente. Varias fiestas de Halloween entre amigos que se beneficiaron
de la famosa “maleta”, son parte de nuestra historia. Desde hace un par
de años, con el nacimiento de mi primer bebé, y con la “excusa” de acompañarlo
a pedir confites, la familia entera se permitió reinventarse en Halloween y
retomar esa celebración que hace años no hacíamos. A mi hijo mayor le
encanta y ya veremos este año al menor.
Ahora es un día que espero con ilusión, por la alegría de recibir amigos
y familiares en nuestro hogar y disfrutar un momento diferente.
Es opción de cada familia escoger las tradiciones que imprime en su
historia y el significado que le atribuye. Y por supuesto, este escrito
es solo mi opinión. A los que les parece interesante, no está de más
conocer sobre esta celebración (https://es.wikipedia.org/wiki/Halloween).


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