Me toca el corazón su historia. Siempre me duele y me enoja que estas cosas
pasen. Pero Ardelia “me llega” porque tengo familia en el colegio donde sucedió
esto y me remite de inmediato a mi ahijada, mis sobrinas, mis pacientes
adolescentes que han sido víctimas de abusos y violaciones, y también me obliga
a pensar en mis propios hijos.
Hoy, en medio de la celebración del día de la mujer, me
duelen estas historias y no quiero dejar pasar la oportunidad de invitarlos a
la reflexión.
Que tristeza que seamos capaces de tanta maldad, ignorancia,
perversión y machismo. Impresionante que un ser humano a corta edad sea capaz
de causar este revuelo, por decir poco.
De convertir una situación totalmente íntima, en una supuesta relación
de confianza, en la peor pesadilla de la vida, de esas que llevan al abismo. Por dicha en este caso, las consecuencias no
cobraron la vida misma.
No imagino el calvario que vivió esta joven, el sufrimiento
que tuvo y que ahora experimenta su familia.
¿Qué pensará el muchacho que inició todo esto? ¿Tendrá recursos para
aprender de su error, para reparar, para cambiar? ¿Y el grupo de amigos y
amigas, actores participantes del desastre, se habrán detenido a pensar en el
impacto de sus acciones, o solamente estarán viralizando el video en YouTube?
La reflexión va para todos, la sociedad completa y nuestras
diversas formas de participación en esto.
Lo primordial no es la víctima, es donde se forman ofensores. Estas historias se seguirán repitiendo
mientras veamos como normales los ambientes sexistas, que validen el morbo, los
chistes machistas, el bulliyng, cualquier tipo de violencia, la pornografía
“inocente”, las fotos sexosas que inundan los grupos de whatsapp, el sexting,
etc.
Si su actitud ante
estas situaciones diarias es de aceptación o pasividad, tiene usted un tema grave
que pensar.
A nivel paliativo también nosotros debemos ayudar a las
víctimas y actuar en forma determinante para detener esto. Quienes tienen
amigas que puedan advertir sobre este tipo de riesgos. Quienes trabajan con
niños y adolescentes, educando en una vivencia sana de la sexualidad basada en
el respeto mutuo. Todos los que somos padres también, moldeando conductas sanas
en las relaciones con nuestros hijos, fomentando la conexión, el respeto y
enseñando valores.
¿Qué más se puede hacer? A nivel individual mucho. ¿Le
llegaron las fotos de Ardelia o de cualquier otra persona? Controle su morbo.
No abra el link “para ver de qué se trata”. Y si de verdad no lo sabía al
abrirlo, ciérrelo en cuanto lo note. Por ejemplo, los comentarios supuestamente
“inofensivos” que cosifican el cuerpo de las mujeres, o las conductas machistas
que hacen creer a estos chicos, que compartir las fotos privadas de la novia o compañera,
es súper cool y los hace más machos.
Pare la cadena y no permita que se perpetúe el abuso. Enseñe
a sus hijos a hacer lo mismo. Filtre en sus acciones cotidianas, cualquier
conducta que reproduzca estereotipos y esté alerta de los pequeños actos que
sirven de escalón para conductas problemáticas.
Hay dos formas de
participar, del lado del daño, y del lado del cambio.
Puntualicemos que el lado del daño, también incluye el no
hacer nada. La indiferencia, el “no me meto porque no es conmigo”, el “yo no
las vi, pero tampoco hice nada por denunciarlo o detenerlo”. No podemos cegarnos ante el problema. La pasividad también tiene un impacto
negativo.
Yo elijo participar, haciendo lo posible en casa por educar
para que esto no pase, en ser implacable con las conductas irrespetuosas, sexistas,
machistas. También en mi trabajo con las
víctimas, e invitándolos a ustedes a pensar y actuar sobre el tema. ¿Y usted?
Mis respetos para Ardelia por ser un ejemplo de resiliencia
y contar su historia. Gracias Ardelia por ponernos a pensar y porque
testimonios como el suyo, pueden cambiar la vida de otras personas.
Maricruz
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