En mi vida me he sentido absolutamente desolada en dos
ocasiones, una de ellas fue cuando perdí a mi padre. Digo perder porque físicamente no está. Sin
embargo, de unos años para acá no se siente tanto la pérdida. No me
malinterpreten, sigan leyendo y les explico.
El día del padre suele ser un día de celebración. Aunque no todo el mundo tiene razones para
festejar, ya que algunos nunca conocieron a su padre y otros desearían no haber
tenido papá. Conozco personas con estas
historias. Pero también, en algunos casos hemos tenido alguna persona que ha
desempeñado un rol paterno. El tío que pasa pendiente, el padrino que siempre
estuvo, el hermano que hizo las veces de papá con sus sobrinos. También los padrastros, abuelos y otros
padres por elección, que han dado lo mejor de sus posibilidades.
Hoy escribo para los que lloran una ausencia de cualquier
persona significativa, y los que como yo, tuvimos la suerte de tener un papá amoroso.
Uno de los momentos más difíciles de la vida, es la pérdida
de un ser querido. Cada vez que escucho
un paciente, un amigo, un conocido, que sufre por una muerte, puedo conectarme
con ese dolor profundo. Cuando uno ha vivido en carne propia este sufrimiento y
ve a otros (pacientes, amigos, y conocidos) pasar por lo mismo, la perspectiva
cambia. De alguna manera el dolor ajeno, toca algunas fibras que se mantienen
sensibles, prestas a ayudar.
El desalojo interno que se produce con la marcha de alguien
a quien se ama, es devastador. No alcanzan las palabras para describir el dolor,
y si uno tiene las agallas de imaginar cómo es, les puedo asegurar que lo que
piensen, no es ni la milésima parte de la realidad.
En ese vacío abismal, uno se pregunta qué sigue, cómo sigo
con mi vida ahora que esa persona no está. Todo pierde color, sentido, ilusión.
Y al principio, conforme pasan los días, la situación en lugar de mejorar,
empeora. Porque con los trámites de rigor se pasa acompañado y ocupado, pero
después al acabar los ritos, la realidad cae cruda y helada. La desconexión con
la vida de los que ya no están, también alcanza a los vivos de una forma
metafórica y al mismo tiempo real.
Y este es el núcleo de lo que quiero trasmitirles, ¿cómo
lograr reconectarse con el mundo?
¿Qué ayuda a reconectar con la vida en medio de tanto dolor?
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Entienda el duelo
como un proceso, con etapas que se viven de forma diferente para cada
persona, y que también dependen de la relación con el fallecido, el tipo de
muerte, el momento de la vida en la que ocurre, entre otros elementos.
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Tome tiempo
para vivir el duelo, para sentir y expresar. Siéntase libre de quedarse en el dolor un
rato. Avanzar y retroceder son parte del camino en esta espiral.
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Sea generoso consigo mismo, dese permiso de fallar, de sentirse terrible, de tener malos días,
de no funcionar como antes. Baje su nivel de exigencia y muéstrese a sí mismo
idéntica compasión y cariño que tendría con alguien que ama.
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Comprenda que hay reacciones que ordinariamente serian “anormales”, pero que bajo una
situación de alto estrés como lo es un duelo, son TOTALMENTE normales. Por ejemplo, es muy común escuchar la voz,
sentir la presencia o el olor de la persona ausente los primeros días después
de su falta. Esto no significa que usted está loco o que tiene un problema. Son
reacciones primarias, naturales y esperables al principio.
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Alterne
la necesidad de estar solo, con la compañía de personas queridas. Tener
tiempo especial con familiares y amigos es de las mejores maneras de
reconectar.
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Esté en
contacto con niños, mascotas, y con la naturaleza, con lo más puro y
esencial de la vida.
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Busque poco a poco volver a su rutina.
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Tome
tiempo para disfrutar cosas que antes no hacía. La muerte cuestiona la
filosofía y el sentido de la vida, el sistema de creencias, etc. Y así como
puede ser un momento crítico, también es una gran oportunidad para valorar la
maravilla de poder estar cada día y disfrutar pequeñas cosas a nuestro
alrededor.
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Ubique a
la persona en un espacio simbólico determinado, llámelo como guste de
acuerdo a sus creencias, (cielo, infinito, universo, paraíso, etc.) pero es positivo
poder imaginar un lugar desde el cual tener una relación con su ser
querido.
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Dese la oportunidad de construir una relación
cuyo sistema de comunicación debe
empezar a comprender. Esta es una dimensión que no conocemos. La forma en que
esa persona seguirá participando de nuestra vida no es la que acostumbramos, pero
su presencia puede estar impresa en las cosas más pequeñas de la vida, o cuando
decidimos ver en las nuevas oportunidades la mano del ser querido.
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Busque en
usted mismo el reflejo de esa persona especial. Quienes marcan una huella
en nosotros, dejan enseñanzas y amor por otras cosas y personas cuya cercanía
nos ayuda a sentir de nuevo conexión con la vida.
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Aunque es doloroso, recordar los momentos juntos es una manera de sentirse cerca e
inicialmente es una forma de sobrevivir al dolor.
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Una crisis puede desatar otras, sin embargo, no tome decisiones en tiempos turbios. Divorciarse, separarse, renunciar, cambiar de
trabajo, mudarse, comprar bienes, o cualquier otra decisión que implique más
cambios, una inversión fuerte de recursos emocionales y/o económicos; no suelen
ser las acciones más aconsejables en un proceso de duelo.
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Tampoco
se apresure a tomar decisiones acerca de las pertenencias u otros
superficiales. Considere resolver lo
indispensable y los trámites que no puedan postergarse. Con todo lo demás haga
una pausa, especialmente si siente que no quiere o no puede ocuparse de ello en
este momento.
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Es esperable estar centrado en la pérdida. Al inicio de este proceso la visión de túnel impide
pensar consecuencias y tener claridad a futuro. El
tiempo es un buen aliado y poco a poco las cosas mejorarán.
A este último aspecto me refería al mencionar “no se siente
tanto la pérdida”. No le prometo que va
a dejar de doler, pero su forma de ver la ausencia puede cambiar.
"Hoy, 14 años después, puedo decir con certeza, yo no he
perdido a nadie".
Mi papá “seguirá vivo en
mi” (parafraseando la canción) porque soy parte de él, y porque puedo
sentirlo en las cosas bellas de la vida que me pasan, en cada sueño logrado,
cuando veo los frutos de mi esfuerzo y recuerdo que gran parte de lo que soy es
porque él y mi mamá me lo enseñaron. Tal vez mis hijos no tengan la oportunidad
de jugar con él, pero yo sí puedo trasmitirles lo que él era. Y eso ahora,
después de un largo camino de duelo, me hace feliz y me permite comprender ese
hilito conector que es un vínculo de amor.
Decidí compartir esto porque varias personas a mi alrededor,
están viviendo un proceso de duelo y sé que el día del padre puede ser una
fecha difícil. Tal vez mi experiencia, más que mis palabras de apoyo, les
reconforten.
Si este domingo, usted tiene un papá a quien celebrar con
besos y abrazos, no desperdicie ni un segundo. Y si su papá está en el cielo
como el mío (o en algún otro lugar que usted haya elegido) le deseo, que llene
su corazón de gozo, porque si usted está bien, es seguro que su papá no podría
estar mejor.
Feliz día del padre a todos los que tienen un rol paterno,
pero especialmente al que lo hizo conmigo.
"Tanto amor me diste en
vida, que aún en tu ausencia, se sigue multiplicando".
Mari.


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