viernes, 16 de junio de 2017

En memoria del día del padre.



En mi vida me he sentido absolutamente desolada en dos ocasiones, una de ellas fue cuando perdí a mi padre. Digo perder porque físicamente no está. Sin embargo, de unos años para acá no se siente tanto la pérdida. No me malinterpreten, sigan leyendo y les explico. 

El día del padre suele ser un día de celebración. Aunque no todo el mundo tiene razones para festejar, ya que algunos nunca conocieron a su padre y otros desearían no haber tenido papá. Conozco personas con estas historias. Pero también, en algunos casos hemos tenido alguna persona que ha desempeñado un rol paterno. El tío que pasa pendiente, el padrino que siempre estuvo, el hermano que hizo las veces de papá con sus sobrinos. También los padrastros, abuelos y otros padres por elección, que han dado lo mejor de sus posibilidades. 
 
Hoy escribo para los que lloran una ausencia de cualquier persona significativa, y los que como yo, tuvimos la suerte de tener un papá amoroso.




Uno de los momentos más difíciles de la vida, es la pérdida de un ser querido. Cada vez que escucho un paciente, un amigo, un conocido, que sufre por una muerte, puedo conectarme con ese dolor profundo. Cuando uno ha vivido en carne propia este sufrimiento y ve a otros (pacientes, amigos, y conocidos) pasar por lo mismo, la perspectiva cambia. De alguna manera el dolor ajeno, toca algunas fibras que se mantienen sensibles, prestas a ayudar.

El desalojo interno que se produce con la marcha de alguien a quien se ama, es devastador. No alcanzan las palabras para describir el dolor, y si uno tiene las agallas de imaginar cómo es, les puedo asegurar que lo que piensen, no es ni la milésima parte de la realidad.   

En ese vacío abismal, uno se pregunta qué sigue, cómo sigo con mi vida ahora que esa persona no está. Todo pierde color, sentido, ilusión. Y al principio, conforme pasan los días, la situación en lugar de mejorar, empeora. Porque con los trámites de rigor se pasa acompañado y ocupado, pero después al acabar los ritos, la realidad cae cruda y helada. La desconexión con la vida de los que ya no están, también alcanza a los vivos de una forma metafórica y al mismo tiempo real. 

Y este es el núcleo de lo que quiero trasmitirles, ¿cómo lograr reconectarse con el mundo?


¿Qué ayuda a reconectar con la vida en medio de tanto dolor?


-        Entienda el duelo como un proceso, con etapas que se viven de forma diferente para cada persona, y que también dependen de la relación con el fallecido, el tipo de muerte, el momento de la vida en la que ocurre, entre otros elementos.

-        Tome tiempo para vivir el duelo, para sentir y expresar.  Siéntase libre de quedarse en el dolor un rato. Avanzar y retroceder son parte del camino en esta espiral. 

-        Sea generoso consigo mismo, dese permiso de fallar, de sentirse terrible, de tener malos días, de no funcionar como antes. Baje su nivel de exigencia y muéstrese a sí mismo idéntica compasión y cariño que tendría con alguien que ama.

-        Comprenda que hay reacciones que ordinariamente serian “anormales”, pero que bajo una situación de alto estrés como lo es un duelo, son TOTALMENTE normales.  Por ejemplo, es muy común escuchar la voz, sentir la presencia o el olor de la persona ausente los primeros días después de su falta. Esto no significa que usted está loco o que tiene un problema. Son reacciones primarias, naturales y esperables al principio.

-        Alterne la necesidad de estar solo, con la compañía de personas queridas. Tener tiempo especial con familiares y amigos es de las mejores maneras de reconectar.

-        Esté en contacto con niños, mascotas, y con la naturaleza, con lo más puro y esencial de la vida.

-        Busque poco a poco volver a su rutina. 



-        Tome tiempo para disfrutar cosas que antes no hacía. La muerte cuestiona la filosofía y el sentido de la vida, el sistema de creencias, etc. Y así como puede ser un momento crítico, también es una gran oportunidad para valorar la maravilla de poder estar cada día y disfrutar pequeñas cosas a nuestro alrededor.

-        Ubique a la persona en un espacio simbólico determinado, llámelo como guste de acuerdo a sus creencias, (cielo, infinito, universo, paraíso, etc.) pero es positivo poder imaginar un lugar desde el cual tener una relación con su ser querido. 

-        Dese la oportunidad de construir una relación cuyo sistema de comunicación debe empezar a comprender. Esta es una dimensión que no conocemos. La forma en que esa persona seguirá participando de nuestra vida no es la que acostumbramos, pero su presencia puede estar impresa en las cosas más pequeñas de la vida, o cuando decidimos ver en las nuevas oportunidades la mano del ser querido.

-        Busque en usted mismo el reflejo de esa persona especial. Quienes marcan una huella en nosotros, dejan enseñanzas y amor por otras cosas y personas cuya cercanía nos ayuda a sentir de nuevo conexión con la vida.

-        Aunque es doloroso, recordar los momentos juntos es una manera de sentirse cerca e inicialmente es una forma de sobrevivir al dolor.

-        Una crisis puede desatar otras, sin embargo, no tome decisiones en tiempos turbios. Divorciarse, separarse, renunciar, cambiar de trabajo, mudarse, comprar bienes, o cualquier otra decisión que implique más cambios, una inversión fuerte de recursos emocionales y/o económicos; no suelen ser las acciones más aconsejables en un proceso de duelo.

-        Tampoco se apresure a tomar decisiones acerca de las pertenencias u otros superficiales.  Considere resolver lo indispensable y los trámites que no puedan postergarse. Con todo lo demás haga una pausa, especialmente si siente que no quiere o no puede ocuparse de ello en este momento.  

-        Es esperable estar centrado en la pérdida.  Al inicio de este proceso la visión de túnel impide pensar consecuencias y tener claridad a futuro.  El tiempo es un buen aliado y poco a poco las cosas mejorarán.

A este último aspecto me refería al mencionar “no se siente tanto la pérdida”.  No le prometo que va a dejar de doler, pero su forma de ver la ausencia puede cambiar.

"Hoy, 14 años después, puedo decir con certeza, yo no he perdido a nadie". 

Mi papá “seguirá vivo en mi” (parafraseando la canción) porque soy parte de él, y porque puedo sentirlo en las cosas bellas de la vida que me pasan, en cada sueño logrado, cuando veo los frutos de mi esfuerzo y recuerdo que gran parte de lo que soy es porque él y mi mamá me lo enseñaron. Tal vez mis hijos no tengan la oportunidad de jugar con él, pero yo sí puedo trasmitirles lo que él era. Y eso ahora, después de un largo camino de duelo, me hace feliz y me permite comprender ese hilito conector que es un vínculo de amor.  

Decidí compartir esto porque varias personas a mi alrededor, están viviendo un proceso de duelo y sé que el día del padre puede ser una fecha difícil. Tal vez mi experiencia, más que mis palabras de apoyo, les reconforten. 

Si este domingo, usted tiene un papá a quien celebrar con besos y abrazos, no desperdicie ni un segundo. Y si su papá está en el cielo como el mío (o en algún otro lugar que usted haya elegido) le deseo, que llene su corazón de gozo, porque si usted está bien, es seguro que su papá no podría estar mejor.

Feliz día del padre a todos los que tienen un rol paterno, pero especialmente al que lo hizo conmigo.


"Tanto amor me diste en vida, que aún en tu ausencia, se sigue multiplicando".

Mari.

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