martes, 15 de agosto de 2017

Maternidad y culpa, celebremos el día de la madre, descargando el saquito que llevamos en el corazón.


Algunas veces en terapia, me gusta usar la metáfora del saquito que llevamos a cuestas.  Es una manera de imaginarse que tenemos un lugar donde almacenar experiencias, recuerdos y para el caso de este artículo, culpabilidades.   Mi poca experiencia como madre, y lo que he observado en consulta y con otras madres conocidas, es que la maternidad es un momento cúspide para llenar el saco hasta el rebose.  

Diría mi mamá, ¿“pero hija por qué se preocupa?  antes no había tiempo para nada de eso de atormentarse, entre tanto chiquillo uno solo atendía lo que había que hacer y listo, uno hacía lo que podía con los hijos”.  Yo le digo, “pero ¿cómo que no me preocupe? con toda la evidencia que hay de todo lo que se hacía antes y que ahora sabemos que es malo.”

Y entonces ella me contesta “antes no sabíamos tanta cosa, era parto natural y listo, teta y listo, tomaban café como uno, se les ponía coñac en los dientes, y jugaban todo el día en la tierra seguro comiendo lombrices, mientras uno les echaba un ojito de vez en cuando porque había mucho que hacer y vea, ¡nada les pasó!”  Y yo me pregunto: ¿será que entre más información más lleno el saco? 

Constantemente observo mamás culpándose por la escogencia de una u otra cosa, o simplemente porque tocó hacer algo diferente de lo planeado.  Hay tantas opciones debido al exceso de información, da como resultado que ambos extremos viven con culpa por una u otra razón.  




Las culpas

La que parió y gritó, porque gritó. La que no tuvo tanto dolor, “ingrata cómo va a decir que le fue fácil.” La que dio pecho y está cansada, finge una sonrisa, “¿cómo se va a cansar si la lactancia es lindísima y lo mejor para los hijos?” La que usó fórmula, no acepta que le acecha la sombra de si su hijo tendrá secuelas. Quien fluyó en la lactancia se queda callada frente a la que le sangraron los pezones a morir. 

La que trabaja fuera de casa también se siente culpable porque los deja, puntos adicionales si se observa disfrutando su soledad. La que permanece en el hogar, está harta de no tener un segundo ni para ir al baño sola.  

La que ávidamente aplica cuanto método lea y le cuenten para enseñarles a dejar el pañal, se culpa porque no respetó sus procesos. La que les dio tiempo para que lo hicieran solos porque le dicen que su hijo va atrasado y “es muy dependiente”. 

La que agotada no lo deja llorar ni un segundo para dormir porque el cortisol le va a subir y será un niño estresado. La que enferma no aguantó un minuto más de cuido y lo dejó llorando, encerrada ella en el baño llorando también.

La que sale con su marido y pasa rezando ahuyentando el temor a dejarlos con alguien tarde en la noche. La que no sale ni a la esquina para evitar cualquier mal, se siente culpable porque le dicen sobreprotectora y no se explica su incipiente claustrofobia. 

La que pasa en Pinterest viendo manualidades y experimentos para hacer, se culpa porque leyó que los niños deben aburrirse. Y la que los deja jugar libremente, porque ella no siempre está emocionada cuando la invitan a jugar. 

Y a todas nos dicen que deberíamos 
estar agradecidas por la bendición 
de tener hijos y esto nos hace sentir 
más culpables.

Ah y ¿no les ha pasado que cuando logran salir y están con amistades no madres o madres con más experiencia, no entienden nada?  porque después de semanas sin dormir y tragarse la comida, uno no tiene ni idea de qué pasa en el mundo ni qué dan en la tv que no sean fábulas. 

A mí hábleme del super, de productos de bebés, de BLW, lactancia, post parto, estimulación, kinders, escuelas, disciplina amorosa, hechos científicos y testimonios que respalden el extremo en el que estoy. Entonces culpable también por la ignorancia social, porque no hay tiempo para más que el día a día de los niños.

La realidad es que todas vivimos la experiencia de la maternidad de forma diferente y las que somos madres de más de un hijo, cada vez es distinto también. No hay extremos sino muchos matices entre ambos lados. Cada decisión tiene pros y contras para cada par: mamá-hijo.

La culpa que llena el saco puede venir como consecuencia de una situación real o imaginaria, es decir de un hecho en el que de verdad actuamos mal, como la agresión, o de otras situaciones en las que simplemente nuestra mente evalúa de forma negativa sin serlo como todas las descritas anteriormente.


¿Saben qué? Yo soy todas esas mujeres.

En lo poco que llevo estrenándome como mamá, he ido de uno a otro extremo y en ambos he sentido culpa, alivio, dolor, tristeza, felicidad, agotamiento, ilusión, preocupación y orgullo. Y me atrevo a decir con bastante certeza que un 95% de las que me lean también. 

La maternidad es de emociones intensas independientemente de cómo llegaran al mundo nuestros hijos, sean biológicos o no.  Es de los mayores retos que vivimos las mujeres porque implica no solo la responsabilidad de esas divinas personitas, sino un proceso continuo de autodescubrimiento. Por los hijos uno hace lo que nunca pensó y saca fuerzas que ni sabía que tenía. Y por eso en este día de las madres, las motivo a esforzarse por ustedes mismas. Los hijos nos necesitan emocionalmente sanas y esto no es la ausencia de conflictos, sino el trabajo constante por alivianar ese saco y vivir más satisfechas con lo que hacemos por ellos, lo cual implica a la vez hacer cosas por nosotras mismas.  En dos palabras AUTO CUIDADO.    



La fuente primaria y fundamental de amor 
para los niños,  somos los padres.  
Sino tenemos amor por nosotras mismas, 
¿cómo vamos a amarlos, 
y a enseñarles con el ejemplo?



Desculpabilizarse es un proceso

1.      Abra mentalmente el saco, revise bien profundo y haga la lista de las cosas por las que se culpa, si le va bien encontrará pocas, ojalá ligeras de peso. 

2.      Si no le va tan bien, puede que se sorprenda de sentirse culpable por cosas que ni se había percatado y que, si analiza con detenimiento, no son TAN relevantes.  Es decir que su hijo coma chatarra en la merienda no le va a afectar demasiado, ¡aceptémoslo! O sea, podría comer más sano, pero eso no nos hace malas madres. Y así muchas nimiedades más. 

3.      Déjeme explicarle que su saco viene conectado a un chip.  O a un disco duro, como guste pensarlo.  Ahí están todos los pensamientos dicotómicos, de la información y las presiones que recibimos a diario y que sirven para confirmar en un extremo u otro, todo lo que hacemos bien y mal.  Autoreproches, autoacusaciones acumuladas que destruyen la autoestima. Mi sugerencia es que se dé permiso con frecuencia y, sobre todo en días especiales como hoy, de desconectar ese cable.  

4.      Sea generosa con usted misma, frase que siempre repito.  Si uno se amara a sí mismo un 30% de lo que ama a los hijos, todo fluiría más y no dejaríamos que ese saquito pesara.  Conéctese con usted misma. Y luego, practíquelo con otras madres.  Mostrar respeto hacia los matices nos cuesta muchísimo.  Recuerde, ni su hijo ni el mío traían manual bajo el brazo.

5.      Tampoco interprete que el saquito tiene necesariamente que estar vacío.  La culpa tiene una función adaptativa y gestionada correctamente nos ayuda a crecer, reparar, aprender y cambiar para bien.  Entonces, en esta revisión puede plantearse metas realistas que la ayuden a sentirse mejor con usted misma como mujer y como mamá. 


En el proceso, la aceptación es indispensable.  Admitir que intenta ser la mejor versión de sí misma cada día, y que a veces por cansancio, estrés y pereza no resulta así y nada grave pasa. 

De seguro su hijo no va a recordar si usted hizo colecho o le dio fórmula.  Pero le aseguro que, al recordar su infancia, si va a conectarse con el estado de ánimo prevaleciente de su mamá en esa época.  

La madre que vive su rol con culpa termina trasmitiendo aún sin intención, ese sentimiento y los hijos crecen inseguros, indecisos, ansiosos, nerviosos, sintiéndose malos, en fin, con la experiencia de la culpa a flor de piel.  Se victimizan con gran facilidad, o construyen relaciones donde la culpa tiene la primicia: solo mediante ella consigo lo que quiero.

La manera en que se ve a sí misma no sólo es cómo su hijo la verá, sino también como aprenderá a verse a sí mismo y a otros a su alrededor.  La base de todas las relaciones es la relación con uno mismo.

Entonces, mamitas lectoras, escoja el matiz que desee y húyale a los extremos, la flexibilidad es importante. Pero lo trascendental es que mamá esté feliz y tranquila con las decisiones elegidas. 

A descargar el saco y viajar más livianas y también cuidar de no engrosar el saquito de nadie. 

Feliz día de la madre.

Mari




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