martes, 22 de agosto de 2017

Sobreviviendo a los planes de boda


“solo de eso habla, de repente, todo era la boda y la boda”…, “a todo le ponía peros y decía que mucho dinero”…, “cuando nos comprometimos todo cambio…”.


¿Qué pasó en estas situaciones? A los mejores novios les pasa.  El estrés pre-boda los pilla desprevenidos y se apodera de la relación.  



El compromiso es una linda etapa, que también implica momentos de tensión.  Algunos factores pueden hacer este tiempo aún más estresante: diferencia en las expectativas, presupuesto, presión de tiempo, influencia de la familia, entre otros.

Aunque el estrés pre-boda es usual y la mayoría de las parejas lo experimentan, es importante saber cuándo se trata de una etapa, o si es una característica de la relación de pareja que “salió a la luz”.  ¿Cómo saberlo?  Considerando la dinámica anterior de la pareja: la forma de enfrentar los conflictos, los roles que asumen y la repartición de tareas, el contexto del compromiso, las expectativas sobre el matrimonio  y los ritos de la celebración.

Usualmente si los anteriores elementos son positivos y la pareja muestra un grado aceptable de acoplamiento, el estrés será pasajero y una vez pasado el momento célebre, la relación vuelve a la normalidad. Sin embargo, en ocasiones, parejas que usualmente tienen dificultades para ponerse de acuerdo, donde hay un desequilibrio entre los roles asumidos (uno de los dos siempre siente que lleva la mayor carga), o existe mucha presión;  e incluso si el contexto del compromiso no  parte de un deseo genuino; es probable que los planes de boda solo vengan a detonar tensiones previas.



¿Me caso con la fiesta o con mi pareja?

En medio del planeamiento uno de los dos (usualmente la novia) puede perder la perspectiva, enfocarse demasiado en los planes y olvidarse del otro. La emoción y la adrenalina del momento, la intervención efusiva de familiares, y ver pronta la realización de un sueño, contribuyen a que el estado mental pierda su usual “racionalidad” y se desvirtúe el proceso. 

Un elemento clave es la toma de decisiones: estar de acuerdo quienes van a involucrarse en el planeamiento es muy importante.  Algunas parejas deciden o simplemente permiten a la novia y su madre tomar todas las decisiones, y luego expresan descontento con el resultado.  En otros casos, la suegra le compra hasta el traje al futuro yerno y todo mundo contento.  No existe una manera correcta de hacer las cosas, cada pareja debe encontrar qué le funciona.


Sugerencias:

-       Planear una boda es un buen momento para poner en práctica habilidades esenciales para la vida en pareja.  Aprovechen  para conocerse mejor, gestionar juntos las presiones; y practicar el trabajo en equipo.

-      Ver la celebración como un símbolo de la etapa que inician y no como el objetivo final, para no perder de vista lo realmente importante. 


-        Si el presupuesto lo permite, contratar un maestro de ceremonias es una buena idea.  Su función es guiarlos en el proceso y hacerse cargo de detalles en los que la experiencia cuenta y que si no se delegan, suman puntos innecesarios al estrés de la pareja.  

Mari

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